PEDAZO DE ARTISTA
”Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto.”
¡Qué misterio tan grande encierra la liturgia! ¿No te has preguntado nunca por qué en este tiempo de conversión, en este tiempo de penitencia, de ayuno, de limosna y oración, este domingo la liturgia nos pone siempre frente a este pasaje glorioso de la Transfiguración? Precisamente porque este es el tiempo de la transformación interior, del combate, del cambio, de la transfiguración.
Puede que te sientas como Abrahán, sin tierra, sin descendencia, fracasado. Puede que hayas tirado la toalla, que te hayas dejado vencer por el desánimo y que solamente tengas en tus manos la pobreza que llevas contigo. Por eso hoy la liturgia te pone delante lo que eres a los ojos de Dios: “haré de ti un gran pueblo y serás una bendición”.
Lo que Pedro, Santiago y Juan contemplan hoy en el Tabor es la belleza escondida en la propia naturaleza humana, la misma que está escondida en ti. Y precisamente por ello la cuaresma es maravillosa. Porque te invita a descubrir lo extraordinario que está escondido en ti. No se trata de un tiempo de privaciones sino de un tiempo de búsqueda de la luz que está en ti a través del ayuno, la oración y la limosna.
Tu vida no es una caña agitada por el viento. En absoluto. En Dios has sido revestido de una belleza resplandeciente. Tus vestidos, tu forma de estar en el mundo, tu ser esposa o madre, padre o amigo, el papel que desempeñas en la vida, la forma en la que sirves a los demás con tu trabajo de cada día, se convierte en luz, en belleza, en alegría, en fuente de paz.
¿Crees que hay gato encerrado? Pues no te equivocas, lo hay. Abrahán fue llamado a la fe y descubrió que Dios era el que le había dado una nueva identidad, una descendencia, una tierra, un nombre, una vida de “elegido por Dios”. En Cristo, por el bautismo, también tú estás llamado a convertirte en hijo amado de Dios, a pensar como un hijo, a vivir como un hijo. No porque tú seas mejor que nadie, sino porque Él te ha elegido como eligió a Abrahán.
¡Qué grande lo que el amor de Dios puede sacar del corazón del hombre! Podemos ser parte del Cuerpo de Cristo, reflejo de su belleza, manifestación de su obra en nosotros si el amor de Dios entra en nosotros. Mezclándose con toda tu pobreza, la potencia de Dios hará de ti una obra de arte. No tengas miedo.
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola