AÚN HAY TIEMPO

”¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?”

El milagro más grande que Jesús hizo: la resurrección de un muerto, de su amigo Lázaro que ha muerto. Y todo “para que el Hijo de Dios sea glorificado” en su amigo Lázaro.

Pues estate atento. Porque seguramente hay alguien que te ha te ha convencido de que lo tuyo no tiene salida, que ya no tienes remedio. Te han hecho perder la esperanza. Tal vez fueron tus padres o tus profesores, (que anda que no he sufrido yo en juntas de evaluación cuando se tiraba la toalla por fulanito o por menganito –a este le irá mal hasta de peluquero decían de alguno–). Y ha sido este un martilleo desde niño: “no vas a cambiar nunca, siempre serás el mismo”. O tal vez eres tú mismo quien ha conocido la enfermedad, la debilidad o el pecado, y has pensado en tu interior: “Yo es que no tengo remedio”. O vivís en silencio vuestro fracaso matrimonial, y abortáis cualquier palabra de esperanza que os llega, con vuestra amarga experiencia, porque “lo nuestro ya no tiene arreglo”. O catequista, que después de tantos años en la parroquia y tantas fuerzas gastadas con los niños, has mascado el amargo sabor de la esterilidad de tus trabajos y te has dejado llevar del escepticismo más radical: “que ya no creo en nada; yo ya no sé si valgo para esto.” Y has tirado la toalla. Has perdido la esperanza. Todo sigue igual.

Genial, porque es entonces cuando sobre las tinieblas, sobre la muerte, sobre la desesperación, sobre el escepticismo, sobre la impotencia humana, sobre tu desesperanza suena de nuevo la voz del Señor hecha hoy actual por la Iglesia: ¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?

¿Has experimentado la debilidad? ¿Has sentido de cerca el dolor, el fracaso o la muerte? ¿Has perdido la esperanza? ¿No ves el poder de Dios por ningún sitio? Este domingo la Palabra de Dios que se proclama en la Iglesia es para ti: ¡Quita la losa! ¡Sal fuera y ponte cara a cara con Cristo! Trae para ti una vida completamente nueva. Y la trae no para que seas un poco más bueno, en absoluto, “sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”. Para provocar en ti la fe y para que quienes te vean crean también en Dios.

Aún estás a tiempo de no desperdiciar este tiempo fantástico de Cuaresma. No cometas la tontería de achicarla con pequeños esfuerzos. Tu vida tiene remedio. Y ese remedio es Cristo.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola