ECHAR BALONES FUERA

”Dame de beber.”

Impresionante como siempre la liturgia de este domingo. Impresionante porque nos habla de Sicar, un lugar que hace siempre presente el regalo maravilloso de Jacob a su hijo José, nada menos que un pozo en el desierto. Es el lugar que recuerda una relación particularmente cálida entre un padre y un hijo, llena de afecto y estima recíproca. Y en este lugar una mujer que va midiendo las palabras, un poco temerosa, como nosotros que nos ponemos delante de Dios con mucha cautela siempre porque no somos capaces de reconocer todo lo que nos regala.

Cristo se acerca pidiendo un vaso de agua y la sorpresa se irá desvelando poco a poco: Él no tiene nada que pedir y, sin embargo, tiene mucho que dar. Esta es una clave preciosa para acercarte hoy a la liturgia: quien conoce a Dios sabe que cuando Dios le pide algo no pide realmente sino que da. El problema es que siempre dudamos de la generosidad de Dios, pensamos mal de Él porque proyectamos en Él lo que nosotros somos. No, Dios es abundante, generoso, un Dios que desborda los deseos y los méritos de aquellos a los que busca: “si conocieras el don de Dios…”

Por eso la cuaresma es un tiempo estupendo para pararse a mirar todo lo que Dios te ha dado: te ha creado para colmarte de su amor, te ha dado una familia, un lugar en el mundo, una historia; te ha dado la vida y ha sembrado en ti la vida eterna.

Ojalá que puedas descubrir como esta mujer al verdadero esposo, la verdadera fuente de la vida. Lo encontrarás en la parte más seria, más bella, más profunda y auténtica de ti, en espíritu y verdad. Fuera de las máscaras, fuera de la mentira, en el lugar donde se encuentra el actuar de Dios y el nuestro: en nuestra propia vida desnuda y simple, sin maquillajes. Allí quedó su cántaro. Ya no tenía sed.

¡Cuánta gente en el mundo sin horizonte, sola, angustiada, sin saber por qué vive, sufre, goza o fracasa; sin conocer la raíz de sus males; acusando a izquierda y a derecha, pero sin luz ninguna para orientarse! La salvación viene solo en la Iglesia, tendríamos que gritar sin vergüenza ninguna. Ojalá que sepamos hacerlo sin caer en tópicos manidos que ya aburren: este monte o Jerusalén; este obispo o el otro; un papa "pogre" o uno "conservador"... Echar balones fuera se le llama en román paladino, mientras lo que está en juego es la vida del hombre.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola