NO HAY PEOR CIEGO...
”...vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.”
No hay peor ciego que el que no quiere ver, decimos muchas veces. Pero sí que lo hay, el que cree que ve pero está ciego; el que cree tenerlo todo clarísimo; porque este ciego nunca va a buscar curarse.
A mí me encanta este evangelio. Cristo pasa y ve a un hombre ciego de nacimiento que no puede verle a Él. Tú y yo muchas veces no podemos ver al Señor. No puedes ver al Señor en esa enfermedad que tienes; no puedes verlo en tu matrimonio, ni en tu jefe, ni en este mundo que sufre tanto. Y no lo puedes ver porque eres como este ciego de nacimiento. Este ciego solo sabe que existe él, solo se mira a sí mismo, no sabe lo que es ver. Vive en una oscuridad total sin haber visto nunca la luz. Vive como si estuviera condenado a vivir para sí mismo. Así tú y así yo. Como muertos en vida tantas veces.
Cristo pasa y va camino de la pascua, camino de hacer posible lo imposible. Hoy hace algo imposible: cura a un ciego. ¿Por qué lo hace? ¿Por qué le da lástima el pobre hombre? No. Lo cura para que pueda ver a Cristo, para que pueda ver la luz. Es lo que quiere hacer contigo y conmigo: que podamos ver el mundo, la realidad, la historia, desde esta luz nueva que es Cristo, la única luz que iluminará el mundo en la tarde del viernes santo cuando el sol se oscurecerá.
Hoy Cristo quiere hacer algo imposible. Y lo quiere hacer contigo y conmigo. Tú que te crees muy bueno, que te crees estupendo, que eres como los fariseos, que juzgas al otro porque crees que ves…(¡cómo podrá un ciego guiar a otro ciego!…) Por eso alégrate porque viene el Señor. Pero es necesario que hoy reconozcas tu ceguera para que puedas alegrarte.
Ojalá que hoy puedas descubrir a Cristo delante de ti y, aunque estés ciego, puedas escuchar de sus labios algo maravilloso: ánimo, que yo te quiero, eres mi hijo y te voy a curar. Solamente vete y lávate. Ve a la iglesia, vive los sacramentos, escucha la predicación, y un día, cuando menos lo esperes, dirás lo mismo que el ciego del evangelio: yo solo sé que antes no veía y ahora veo.
Y ojalá entonces puedas decir lo mismo que el ciego: que Cristo es el profeta que tenía que venir a tu vida, el único, el Señor. Sí, el Señor de tu vida que te ama y que en cada eucaristía viene para alegrarte la vida, para dar luz a tu historia.
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola