HASTA EL INFINITO Y MÁS ALLÁ
”...hizo ademán de seguir adelante.”
Mira que es simple ser cristiano y cómo lo complicamos entre todos, especialmente los presbíteros y los catequistas, haciendo de todo leyes, normas, moralismos, filosofías y demás. Ser cristiano es amar. Pero amar al estilo de Cristo. Y para poder amar así el Señor tiene que educarnos, tiene que enseñarnos, y lo hace de la única manera posible: amándonos a nosotros… hasta el extremo.
¡Cómo me ayuda este evangelio! ¡Cómo me ayuda ver a estos dos de Emaús huyendo despavoridos de la Iglesia! Han gustado el fracaso, tienen la sensación de haber perdido tres años de su vida acompañando a un pobre loco que ha terminado en la cruz a la vista de todos. No ha hecho nada. No ha liberado a Israel. Vaya mesías que hemos estado acompañando...un fracasado.
Y digo que me ayuda porque es precisamente en este momento cuando Jesús sale al encuentro de estos dos. Ha dejado también Jerusalén para buscarlos, para encontrarse con ellos. Es maravilloso esto, porque Jesús va a tu encuentro cuando has abandonado la Iglesia, incluso cuando te has ido a pecar. Él te busca, se te hace el encontradizo, no te dice: “¿no quieres saber nada de mí? Pues vete por ahí, haz lo que quieras”. No, en absoluto. Él te busca, quiere caminar contigo estés donde estés. Y es tremendo porque cuando han llegado a Emaús Él quiere seguir adelante. Como si te dijese: estoy dispuesto a ir más lejos incluso, donde haga falta, para encontrarme contigo. Hasta el infierno si hiciese falta.
Él se queda a tu lado y quiere celebrar la eucaristía contigo. Porque necesitas ver cómo su cuerpo se parte, cómo vuelve a entregarse a la muerte, cómo se deja destruir completamente, cómo muere y resucita por ti y por mí. Porque la eucaristía, cada eucaristía, hace presente el sacrificio pascual de Cristo hasta que Él vuelva.
Por eso así nos enseña el Señor: amándonos en nuestra vida, acompañándonos en nuestras decepciones, en nuestros pecados, en nuestras lepras, en nuestro camino hacia ninguna parte, y en los sacramentos, en su palabra, actualizando siempre su vida, su muerte y su resurrección por cada uno de nosotros. Para que nosotros podamos reconocerlo vivo y resucitado, a nuestro lado, en cada hermano y en cada acontecimiento. Ánimo, pues, Cristo nos ama.
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola