¡ES EL SEÑOR!

”...he venido para que tengan vida y la tengan abundante.”

Hablaba ayer con un catequista de la parroquia de muchas cosas, pero salía a relucir la sensación de apocalipsis que vivimos desde niños. El mundo siempre en guerra, los recursos que parecen cada vez más limitados, la esperanza en el corazón de tanta gente minada por completo, las injusticias y la corrupción cada vez más frecuentes, vamos, un desastre. Y así desde que yo era niño y estoy entrado en años.

Este domingo la liturgia es maravillosa. Sí, no vives en un mundo sin solución, tu vida está orientada a la esperanza, el horizonte de tu vida está abierto de par en par, y una puerta espera que la crucemos en medio de tantos muros y defensas en los que nos resulta fácil escondernos.

Sí, absolutamente sí. Tienes que conocer que tu vida no está abocada al fracaso, ni a la desesperación, ni a la rutina. Debes saber lo que dice san Pedro en la segunda lectura, que Cristo ha sido constituido Kyrios, Señor, con poder para vencer la tristeza, el dolor y la muerte. Debes saber que la última palabra no es nuestra sino suya, para volver a recobrar la esperanza y ser capaz de mirar al futuro luminoso que nos aguarda.

Porque tu vida descansa hoy en un amor. En el único amor: el amor de Dios. “¡Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, y además lo somos!”. Él da la vida por sus ovejas. Ha dado la vida por ti y la sigue dando porque no se ha desentendido de ti ni lo hará nunca, porque te quiere.

De hecho, ¿dónde está ahora Cristo? ¿Dónde se ha metido? Yo no tengo ninguna duda. Está intercediendo por ti y por mi. Está mostrando sus llagas al Padre pidiendo por nosotros. Tanto te ama el Señor que ha querido tatuarse para siempre tu nombre en las palmas de sus manos, que eso son sus llagas.

No tengas miedo, pues, tú que me lees. No tengas miedo porque Cristo, el Señor, te ama. Puedes entrar sin miedo en los follones de tu vida. Puedes pedir perdón si es necesario y perdonar, perdonar siempre. Puedes amar sin miedo hoy a tus hijos que a lo mejor te hicieron sufrir tanto. Y puedes anunciar el evangelio con tu vida porque Él te ama. Puedes entrar tranquilo en las turbulentas aguas de tu historia, que de su mano se habrán convertido en verdes pastos capaces de alimentar hoy y siempre tu esperanza.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola