NO ERES HUÉRFANO
”Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.”
Estos días que quedan de la Pascua vamos a escuchar mucho del Espíritu Santo. Es como el gran desconocido y sin embargo lo recibiste el día de tu Bautismo y te acompaña siempre. El dulce huésped del alma como le llama la secuencia de Pentecostés, que se manifiesta en tu vida tantas veces aunque no te des cuenta,
Es el que te permite escuchar la Palabra de Dios, el que te permite creer la predicación, el que te susurra de vez en cuando “creo que deberías confesarte”, el que te dice “ánimo, que estás perdonado” cuando te has confesado, el que te ayuda a vivir tu vida en cristiano cuando sales por la puerta de la iglesia…
Y hoy un texto maravilloso: “si me amáis, guardaréis mis mandamientos.” No sé muy bien cómo entendéis esto, si os imagináis al Señor con el dedo en alto, como si estuviera echando en cara algo a los discípulos, como si estuviese pidiéndote “muéstrame que me amas un poco anda, cumple los mandamientos”. Es todo lo contrario. ¿Cuándo cumplirás los mandamientos? Cuando ames a Cristo. Necesitamos tener esta clave, porque no se parte de la obediencia, se parte del amor, de la alegría que se encuentra con el Señor. Sí, obedecerás al Señor cuando lo hayas encontrado hermoso, amable, porque no te ha dejado huérfano.
Cuando uno ha descubierto que con Cristo ya no está solo, que hay alguien siempre a tu lado, que ya no estás huérfano, que no tienes que vivir ni razonar como si no tuvieses un padre, como si tu existencia partiera de la nada y se basara en el vacío, como si fueses un extranjero que necesita hacerse un sitio en un país extraño,… no, absolutamente.
Hoy el Señor quiere que sepas que eres un hijo amado, que tienes un padre en el cielo, que hay alguien que te ama. Y de ese amor nace la obediencia, no al revés. Porque nuestro problema no es obedecer sino amar.
Y por eso necesitas a Cristo. Necesitas dejar que te ame. Porque todo es distinto con Él. La vida se convierte en maravillosa, se llena de luz. No es más fácil, que nadie te engañe, no te quita las tribulaciones ni los combates, pero es mucho más bonita.
No tienes que demostrar nada al Señor, por mucho que te esfuerces. Déjate amar por Él. Ya te conoce y te quiere.
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola