EL CIELO ESTÁ ABIERTO

”...sabed que yo estoy con vosotros...”

¡Qué fiesta tan bonita a las puertas del cierre de la Pascua: la Ascensión del Señor a los cielos! Uno de aquellos jueves que no hace tanto tiempo relucían más que el sol y que el devenir de los tiempos ha trasladado al domingo. Dios que se hizo hombre, con tu misma carne, con tu misma piel, igual que tú y que yo, está en el cielo. Hay algo humano en el cielo. Él, que es nuestra cabeza, ya está en el cielo.

Hoy el Señor hace lo que nosotros no podemos hacer en nuestras fuerzas: subir al cielo. Así es. No podemos subir al cielo. No podemos tener fe porque queramos. No podemos ser santos porque queramos. Ni ser humildes porque queramos. Ni tener vida eterna porque queramos. Ni vencer la muerte porque queramos. No puedes estar contento en medio de la enfermedad porque te lo propongas, por mucha terapia que hagas o por muchos libros de autoayuda que leas. No puedes perdonar al que te ha hecho daño porque tú quieras, ni amar al otro porque tú quieras. No puedes dejar de pecar porque tú quieras. No puedes entrar al cielo. Te hace falta la gracia.

Y tú que has sido creado para ir al cielo te ves siempre fuera de sitio. Porque este mundo está lleno de hipocresía y vas de frustración en frustración. Y por eso los gobiernos del mundo tratan de construir un cielo en este mundo y no pueden. Eso es la agenda 2030 y tantos intentos que se topan de lleno con la libertad del hombre, y es todo horroroso.

Hoy Cristo hace una promesa: estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Viene en cada eucaristía, en cada hermano, en cada acontecimiento. Y viene para traerte el cielo porque sabe de sobra que tú no puedes alcanzarlo.

Y si tienes a Cristo dentro ti, tienes el cielo dentro. Y puedes vivir en medio de este mundo desastroso con el cielo dentro sin necesidad de que venga la ONU a decirte lo que es el cielo. Y eres libre. Pecador, pero con el cielo dentro. Siendo como tú eres, pero con el cielo dentro.

El Señor te ama, te quiere, y entra al cielo por ti, para que tú puedas vivir el cielo ahora, aquí, ya. Él sigue abriéndote el cielo que no te puede abrir nada ni nadie, porque te quiere. Desengáñate ya de una vez: solo te va a dar el cielo quien lo tiene, quien ha entrado allí. Solo Cristo. Solo Él.

Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola