GRATUIDAD
”Gratis habéis recibido, dad gratis.”
Estamos todos con el sabor dulce de la visita del Papa León XIV a nuestro país. Del todo providencial. Porque vivimos en unos tiempos en los que parece que todo lo anterior es malo. Como si tuviéramos que estar continuamente cambiando la memoria de los acontecimientos pasados. Y así, a lo tonto y a lo modorro, algunos quieren hasta quitar de la historia la fe, que llevó a tantos hombres y mujeres de nuestro país a la audacia de la evangelización hasta los confines del mundo. Porque el evangelio, la buena noticia del amor de Dios, expulsa espíritus inmundos y cura toda enfermedad y dolencia.
Gratis habéis recibido… Pero Señor: ¿tú qué me has dado gratis? Tu amor y tu misericordia, el perdón de los pecados y la vida eterna. Pues lo que gratis has recibido dalo gratis.
Este amor gratuito, este amor más fuerte que la muerte, es el que cura enfermos, como tantas veces he visto en el confesonario y en la eucaristía. Sana el alma que algunos traen podrida, cura el corazón duro como una piedra y seco, amándose a sí mismo, incapaz de amar al otro. Cura nuestra parálisis cuando no somos capaces de servir al hermano, cura nuestra ceguera cuando no vemos nuestra realidad ni vemos al otro, nos cura la lepra, que es nuestro egoísmo, el vivir para nosotros mismos… Y no nos cura imponiendo leyes y normas, haciendo que cumplas con un esquema religioso, sino que nos cura amándonos gratis, sin condiciones. Así lo recuerda Pablo hoy en la segunda lectura: “Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros”.
Dar gratis, amar gratis, esa es nuestra misión. Mostrar el amor con el que Cristo nos ha amando. Lo recordaba de una forma preciosa el Papa en Barcelona: “no podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente incluso antes de que nazca. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria”.
No se puede decir que somos cristianos si no amamos así. Así amaron los santos. Así santa Teresa de Calcuta, cuando recogía a los parias de la basura, así el padre Damián, con los leprosos, así san Pedro Claver, esclavo de los esclavos… Dios te ama, ha dado la vida por ti y yo también quiero dar mi vida por ti.
Patxi Silanes Susaeta
Párroco de San Ignacio de Loyola